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Capítulo 3

 - Oye, ¿de dónde sacaste ese cigarrillo? - Dijo el soldado a Mike.  

-Tengo un paquete, pero fue Will quien lo encendió. - Dijo señalándome.  

-Pues en ese caso yo también quiero uno, llevo trabajando desde la mañana. - Añadió el doctor, que creo que se llama Jared.  

- Si Jared tendrá uno, pues denme uno a mí también. - Agregó el soldado.  

-Bueno, bueno, pero quiero ahorrar fósforos. 

Fui llevado a una cabaña más grande donde había muchas camas, creo que le dicen a esta zona cuartel, me acerco a una cama que parece vacía y dejo mi saco, en ese momento un joven entre los veinte a veinticinco años entra cargando un uniforme.  

-Así que tú eres el nuevo, me dijeron que te tenía que traer el uniforme, pero no sabía que dejaban entrar niños al ejército. - Dice en tono de broma, aunque solo pienso en atacarlo y lo nota.  

- Tranquilo, fue un chiste. Mi nombre es Jeffrey Bird, miembro del pelotón del tercer régimen de infantería.  

-Lo siento por tomarlo en serio, mi nombre es William Featherstone. - Dije estrechando su mano.  

-Un gusto, ahora ponte el uniforme que tenemos que ir a entrenar. - Tras decir eso me lanza el uniforme y sale fuera mientras intento ponerme el traje que me ayudará a llegar a la gloria. Tras terminar de ponerme el uniforme voy al campo y, aunque no sabía exactamente dónde tenía que ir, al ver a Jeffrey junto a muchos otros soldados me acerco con prisa para no perderme de nada importante.  

-Hola Jeffrey. ¿De qué me perdí?  

-No de mucho, supuse que necesitarías un rifle, así que te conseguí uno.  

-Muchas gracias. - En ese instante aparece en frente de nosotros un hombre de 45 años con uniforme elegante, sombrero de vaquero y mirada intimidante. Supuse que el sería quien nos entrenaría.  

-Escuchen muy bien soldados, hoy día marcharemos de aquí a la montaña, si se quedan atrás serán castigados sin comer. Al volver vamos a practicar la puntería en una línea, se les dará un tiempo para comer y luego repetiremos la rutina, ¿quedó claro?  

¡Señor, sí señor! - Dijeron los demás, aunque yo no lo hice a tiempo y el hombre adelante lo notó.  

-Dígame joven, ¿por qué no respondió a la orden? - Al verlo sentí que se me helaba la sangre, si estuviera en una pelea este sujeto me destruiría de un solo golpe.  

-Lo siento señor, es mi primer día. - Intenté decir con dificultad, pero por lo menos me entendió.  

-Está bien soldado, lo dejaré pasar esta vez, pero recuerda que debes hacer lo que yo diga y responder cuando diga que está claro, si fallas otra vez habrá consecuencias. - Lo único que pude hacer fue asentir al ser lo más seguro que podía hacer. 

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