

Capítulo 2
Una semana después, papá parecía mucho mejor, ya que al menos aceptó ir a pescar conmigo. Mientras estábamos juntos al río esperando a que algún pez mordiera la carnada, decido contarle mis planes.
- Oye papá, tengo algo que decirte.
- ¿Que pasa hijo? - Pregunta distraído.
- Bueno, como tú sabes ya terminé la secundaria, así que he decidido que me voy a unir al ejército. - Al oír esto papá se da vuelta y me mira con una mezcla de incredulidad y enojo.
- ¡Estás loco! ¿Por qué quieres tirar tu vida y tu futuro por algo tan banal?
- Es que, si te soy sincero pa, creo que es la mejor opción que tengo. Apenas pasé por el colegio y dudo que me acepten en cualquier universidad, aparte en el ejército seré capaz de proteger mi país y tener aventuras y logros sin tener que subirme a un bote. - Digo mientras un pez tira mi caña e intento tirar de ella.
- Es una estupidez. Muchas personas se han unido al ejército y no tienen nada de eso. Lo único que harás será marchar y vigilar una fortaleza en Dios sabe dónde. - Me dice enfadado.
- Pero qué hay de tu estadía durante la guerra civil, vi tus medallas, tu uniforme y tu rifle. Seguro que fue grandioso.
- No, no lo fue. – Dice, aunque noto un tono de tristeza - ¿Por qué mejor no te consigo un trabajo en la fábrica?
- Dudo que me acepten, después de todo hay muchos otros jóvenes que conseguirán el trabajo al ser mejores. Igual creo que en el ejército me irá mucho mejor, la gente dice que tengo buena vista. - Digo en tono de broma.
- William, ya sé sincero, ¿por qué quieres unirte al ejército?
- Es que siento que es lo único en lo que realmente me irá bien, no tengo muchos talentos y ser un soldado podría ser la única oportunidad de hacer algo grande. - Dije un poco desmotivado.
- Créeme hijo, realmente la gloria de la guerra no vale la pena. - Me dice, toma su caña y se levanta.
- Igual me voy a unir, ya me gradúe y es momento de que cree mi propio destino. - Digo a la vez que intento tirar con más fuerza por el pez que se escapaba.
- Haz como tú quieras, ya eres grande, no puedo castigarte y tampoco echarte de la casa, solo te pido que lo pienses bien y entiendas que podrías estar cometiendo un gran error. Muchas veces esas promesas de gloria no son lo que parecen. - Y mientras papá se iba oigo un ruido y veo como el cordel de la caña se rompe.
- Rayos. Debo estar más atento a estas cosas. - Y decido volver a casa para prepararme para el día de mañana.
Al día siguiente me levanté, emocionado por lo que podría ser mi mejor oportunidad de gloria. En el saco que uso de mochila dejo la ropa que usaré durante mi estadía, una caja de fósforos que siempre son útiles y un libro de las aventuras de Huckleberry Finn para pasar el rato, aunque probablemente no le necesite no pierdo nada. Cuando salgo de mi habitación saludo a papá y éste solo se molesta en saludar, entonces salgo por la puerta. La verdad no esperaba que el clima estuviese tan nublado, pero unas cuantas nubes no me detendrán, así que parto al centro de reclutamiento. En el camino voy despidiéndome de algunos de los vecinos, del padre, de todos mis conocidos, que no eran muchos, apenas tuve amigos durante la escuela y muchos se fueron al este, pero era bonito saber que alguien me extrañará en casa. Tras una hora de caminata llego al centro, era una fortaleza construida unos años después de la guerra civil llamado fuerte Langford, una base bastante grande con altos muros de madera, torres dónde se podían ver soldados con rifles vigilando la zona y adentro se podía escuchar el marchar de las tropas, así que sin perder más tiempo fui a la entrada para ver si me dejaban entrar.
Al acercarme a la entrada veo a un soldado dormido junto a la entrada, era bajito y tenía un gran bigote, aproveché para acercarme e intentar despertarlo para que me deje entrar.
- Disculpe, ¿podría dejarme entrar para unirme al ejército? - Le digo sacudiéndolo con un poco de fuerza, haciendo que se levante alarmado, aunque luego se relaja al verme.
- Me diste un buen susto chico. Por poco creí que era el coronel, me tiene vigilado para que no me quede dormido, pero no puedo evitarlo. - Dice riendo. - ¿Qué es lo que quieres?
- Planeo unirme al ejército. - Digo con confianza mientras me mira confundido.
-¿En serio? La verdad es que no ha habido voluntarios como tú desde la guerra civil, pero si es lo que quieres te puedo llevar con el doctor para que te examine y vea si puedes unirte. - Dice a la vez que se levanta y empieza a guiarme a través de la fortaleza.
La fortaleza en su interior era tan grande como se veía desde afuera, se podían ver unos soldados marchando, otros practicando su puntería con rifles brillantes y unos cuantos estaban arreglando artillería que parecía de la guerra civil.
- Impresionante. - No pude contener mi encanto por aquel imponente lugar.
- A primera vista parece impresionante, pero tras unos días te acostumbradas y no será la gran cosa. Te lo digo de experiencia. - Dice mientras me guía hasta una pequeña choza al fondo de la fortaleza.
Una vez adentro veo cuatro camas blancas en línea, aunque estaban sucias. Al lado de éstas había mesas con varios utensilios médicos que no había visto.
- Te recomiendo que no las toques o el médico te arrancará las extremidades. - Me dice cuando intento tomar unas peculiares pinzas, pero, para no correr riesgos, no lo hago.
En ese instante entra a la choza un hombre alto, pálido y delgado usando una bata blanca desgastada mientras cargaba un balde agua. Al vernos se detiene y se acerca al soldado que me acompañaba con una sonrisa.
- Oye Jared, finalmente te dejaron el turno libre o te escapaste. - Dice acercándose, pero con lentitud para evitar dejar que el agua se caiga.
- Tristemente, no. Pero este chico vino para intentar unirse y al ser si guía me puedo salir de mi puesto sin que me castiguen. - Dice sonriendo, a la vez que yo miro algo confundido, pero por lo menos la tensión se ha disipado.
- Oh, en un momento te atiendo, primero debo ayudar al sujeto de allí. - Dice a la vez que apunta a la camilla del fondo y por primera vez noto al chico acostado en ella. Al acercarme veo con horror que el sujeto tiene unas vendas llenas con sangre en la zona donde su brazo debería estar, a la vez que vi su rostro y note que tenía una edad similar a la mía, tal vez unos meses más.
El doctor detrás de mí me señala que me mueva para que le deje pasar y empieza a gritar con una esponja el agua sobre la herida para intentar curarlo, aunque la cara del soldado solo muestra dolor. Tras unos minutos deja al soldado descansar y se gira hacia mí.
- Bien, ahora joven, si quiere unirse al ejército tendré que analizarlo para ver si está en buenas condiciones para unirse. - Ante eso pienso por un momento que aquello era humillante, pero solo sería un rato y al final valdría la pena.
- Está bien, por cierto, me llamo William. - Digo para que la conversación se sienta menos incómoda tras quedar en calzoncillos.
- Está bien William, veamos, no pareces tener heridas, señales de enfermedad graves o falta de extremidades. - Dice, aunque ignora al sujeto en la camilla. - ¿Algún talento en particular?
- Bueno mis conocidos suelen decir que tengo buena vista.
- Bien, pareces estar en buena condición, pero antes de que entres debo consultar al coronel, él es quien dirige el campamento y con su aprobación podrás entrar. - Al decir eso se va junto al soldado que me hacía compañía y aprovecho para ponerme la ropa.
Como no había nada que hacer me dispuse a seguir mirando la pequeña choza cuando algo jala mi camisa y veo que se trata del soldado de la camilla.
- Oye, ¿tienes un fósforo?
- Ah, sí tengo uno en mi saco, te traigo uno. - Tras decir eso voy por mi mochila, saco la caja de fósforos y le doy uno al soldado. Este tras recibir los fósforos saca una caja de cigarrillos, saca uno que mete en su boca y empieza a fumar gracias al fósforo que le di.
- Aaahhhh, muchas gracias, esto es justo lo que necesitaba. Por cierto, tú nombre es William, escuché su conversación, el mío es Micheal, pero me dicen Mike.
- Mucho gusto Mike, me puedes llamar Will si quieres. Oye no quiero ser grosero, pero qué pasó con tu brazo. - Al decir eso Mike aspira su cigarrillo y luego sopla liberando el humo.
- Pues lo que pasó es que estaba tratando de revisar el estado de los cañones cuando uno explotó y me reventó mi brazo izquierdo, por suerte soy diestro. - Ríe tratando de hacer su situación menos trágica.
- Oh. ¿Y cuánto tiempo llevas aquí?
-Dos meses, en un principio mis padres me mandaron aquí para que aprendiera disciplina, pero no les salió bien. ¿A ti alguien más te mandó a venir?
-No, yo me uní por mi cuenta, pensé que sería grandioso.
Bueno, en mi caso es probable que tras recuperarme me echen. Te doy un consejo, nunca bajes la guardia, para no quedar así.
Ante aquella respuesta, lo único que puedo hacer es asentir frente a la incómoda situación. Tras unos minutos, vuelve el doctor con el soldado.
-Tras discutir con el coronel dijo que podrías entrar, pero que si resultaba en un problema te echaría a patadas.
Al oír eso me tranquilicé, el viaje no resultó un desperdicio.